Generación Y: vino para sorprenderte

Puedo decir que hay lugares que uno visita y que te sorprenden al conocerlos. Pero son muy pocos los que te pueden impactar de manera tal que te provoquen un fantástico desconcierto. Y en Generación Y, como dice la canción Fue, “eso pasó…”.

 

 

El plan era conocer una vinoteca, pero se transformó en un encuentro con algo que excede, y en mucho,  ese concepto. En Generación Y el vino, sin dudas, es protagonista, pero bien podemos decir que es un pretexto, un primer acto, de un espacio texturado en el que van surgiendo, de manera fluida y sugerente, experiencias de aromas, gastronomía, naturaleza, sustentabilidad, entre todo lo cual se cuela una energía femenina y familiar muy particular. Esta es una época en la que todos nos cuidamos de los spoilers. Calma: lo que voy a contarte en este relato jamás va a impedir que vos también te sorprendas y vivas lo que viví yo, pero a tu manera.


Outlet de vinos


Generación Y nació hace poco menos de un año de la mano de cuatro hermanos: Tamara, Cintia, Pamela y Nicolás Ruiz Lenz.

 

“Hace casi un año que inauguramos, y el lugar me encanta, porque estanos en familia y porque la energía es sumamente importante: sentirte feliz, hacer lo que te gusta. Siento que acá todos hacemos lo que nos gusta, y por eso el amor se transmite y la gente lo recibe”.  Tamara Ruiz Lenz.

 

 

“Esta comunión de hermanos es herencia de familia, es lo que nos hizo embarcar a los cuatro en un proyecto nuevo, y muy unidos. En Generación Y hay mucho amor y mucha energía: cuando vengo de afuera con otros aires lo siento, y creo que las otras personas también sienten esa energía”. Nicolás Ruiz Lenz.

 

Ubicado en Avenida Roque Pérez 2.342, al momento de llegar la vista es impactante: un inmenso frente vidriado que deja ver todo el interior y que se corona con un bellísimo jardín vertical.

 

 

Al ingresar, puedo percibir que el espacio es sumamente amplio, con un contorno de estanterías y unos finísimos pallets con ruedas diseminados en el salón, sobre todo lo cual te espera un sinfín de botellas de tantas marcas y cepas que son imposibles de contar. Todo en Generación Y está pensado para que te deslices en un ambiente abierto, luminoso y accesible, donde podés llegar a disfrutar horas decidiendo entre tantas opciones.

 

Esa misma apertura, ese misma amplitud que se aprecia en el espacio, también es mental: Generación Y es un lugar descontracturado y descontracturante, que rompe paradigmas y que está construido alrededor de la idea de democratizar la experiencia de tomar vino.

 

“El vino es fácil de tomar, es un mundo que se puede conocer fácilmente, sin necesidad de creer que se debe saber mucho para descorcharlo. No podemos decir que un vino es mejor que otro porque es más caro, tenemos que buscar lo que nos gusta a cada uno, y solo probando lo vamos a saber. Tal vez tomaste toda la vida un Malbec, y hoy te das cuenta que te gusta más un Merlot, un Pinot Noir o un Cabernet Sauvignon. Nadie sabe más que uno: uno es el que va a elegir qué es lo que quiere tomar, cuándo y dónde. Los vinos que mejor saben son aquellos que se abren con una persona en especial o en un lugar que uno disfrutó mucho”. Cintia Ruiz Lenz.

 

 

El abanico de variedades es súper amplio, sobre todo en vinos argentinos: desde los clásicos de bodegas tradicionales como Catena Zapata, Rutini, López, Luigi Bosca o Bianchi, pasando por la innovación y la juventud que aportan, entre tantas otras, Mosquita Muerta, Michelini Mufatto, Altar Uco, Super Uco, Canopus, Domaine Bousquet; estas últimas, atendiendo una nueva demanda por parte del consumidor, que se vuelca al consumo de vinos orgánicos, biodinámicos y naturales.

 

“Lo bueno que sucede acá, y que nos dimos cuenta unos meses después de haber inaugurado, es que todos venían a pedir los vinos clásicos, a los que ya estamos acostumbrados y que conocemos, y vamos a lo seguro. Y luego, ofreciendo y aconsejando que se animen a probar cosas nuevas, que están muy buenas y que no son tan caras, vimos cómo la gente se anima a llevar una botella diferente pagando un costo mucho menor de lo que solía gastar. Luego vienen y te piden saber que llegó de nuevo, qué hay de nuevo para probar, y es hermoso que todos se abran a esta nueva experiencia de conocer diferentes cepas, diferentes bodegas, y no encasillarse”. Cintia Ruiz Lenz.

 

 

Ahora bien: el concepto de outlet de vinos empezó a resultarme insuficiente cuando pude apreciar dos detalles que invitaban a prolongar la visita a Generación Y.

 

El primero de ellos fue una máquina expendedora de vinos por copeo, con una selección de siete botellas que van variando diariamente. Pero… ¿cómo consumirlos? Con las propias tarjetas de Generación Y, en las cuales ingresando tu nombre y tu código podés cargarles crédito en dinero y así pasando la tarjeta, elegís entre los vinos expuestos ese día aquel que querés degustar y también en qué medida querés hacerlo.

 

 

El grato descubrimiento del copeo conectó inmediatamente con el segundo detalle: una escalera de madera que lleva a un entrepiso abalconado, también de madera, que tiene una inigualable vista aérea sobre todo el local, con ventanales sobre jardines del sector posterior, y en el que te esperan juegos de mesa y sillas y un living para poder disfrutar de esa copa que acabás de elegir. Ahí empecé a caer en la cuenta de que además encontrar el vino que te quieras llevar, Generación Y está pensado para sentarte a compartir con los amigos o la pareja que quieras traer.

 

 

Una propuesta buenísima: un lindo local, un buen stock, amplia variedad, y además, un lugar para copear. “Stop. Esto no termina acá”, me dijeron.


Tesoros ocultos: cata y cena


Empecé a tener la sensación de que Generación Y es un viaje con distintas escalas, y más extenso de lo que mi preconcepto se lo había imaginado.

 

Unos pocos pasos me transportaron desde el salón de ventas hacia un nuevo ambiente ubicado detrás de aquel. Otro agradable shock: el salón de cata, enteramente revestido en madera nativa. La madera es parte inseparable del vino, y por lo tanto, uno de los elementos omnipresentes en Generación Y. Pero más allá del revestimiento hermoso que nos rodeaba, no pude quitar los ojos ni las manos de la mesa central del salón, un plano vidriado sobre un tronco de marmelero de más de 200 años de antigüedad, 4.500 kilos de peso y seis metros de longitud. Un ejemplar de la selva misionera derribado por el paso del tiempo y por la misma naturaleza, reciclado y reconvertido en un auténtico altar, alrededor del cual, con cierta frecuencia, Generación Y organiza encuentros de cata con enólogos y sommeliers. Pensé en las sensaciones vividas por quienes hayan contemplado tanta belleza concentrada en un mismo lugar mientras se estaban sumergiendo en el conocimiento del vino.

 

 

“Es nuestro espacio, donde venimos a intentar bajar conceptos, derrumbar paradigmas, y hacer docencia desde el lugar que nos toca, que es el de la comunicación”. Nicolás Ruiz Lenz.

 

Observé la luz que ingresaba por los ventanales, y vi mucha vegetación a través de ellos. Era mi próximo destino. Una puerta me habilita el acceso a un bellísimo patio trasero cuya existencia era imposible siquiera haberla imaginado al llegar a Generación Y. Es un lugar fantástico en el sentido literal: estando allí uno puede desconectarse de la ciudad, aún estando en el centro de la misma, y no se perciben más sonidos que los de la vegetación en diálogo con la brisa que proviene del cercano Río Paraná.

 

 

Este patio que conserva además todos y cada uno de los arboles originales que estaban en él antes de la construcción del local, a los cuales se le sumaron plantas elegantísimas que hace de este lugar el mejor entorno para disfrutar de la noche y cenar aquí.

 

“Cuando arrancamos con Generación Y nuestra expectativa era brindar un servicio de copeo, que la gente pueda venir a disfrutar del vino. Poco a poco la gastronomía nos fue invadiendo, y hoy nos estamos involucrando mucho en ella ofreciendo un servicio más amplio de lo que teníamos pensado en un primer momento”. Tamara Ruiz Lenz.

 

Generación Y ofrece un menú finger food de 6 pasos y un servicio emplatado de tres pasos en el que se destacan el salmón, las entrañas, mariscos y otras carnes a la parrilla; ambos tipos de menú se preparan con reservación previa. De todos modos, en el caso de que llegues sin reserva y haya lugar disponible, podes deleitarte con el menú de 6 pasos aún cuando no lo hayas reservado anteriormente.

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¿El rey del lugar? Una pieza única que impera desde el centro del patio: un horno de kamado. ¿La clave del patio? Su ambientación, el entorno exuberante y la plena intimidad, ideal para pasar un muy buen momento.


Una cuestión de identidad


Todo en Generación Y está perfectamente alineado y conectado. Terminé de comprobarlo cuando al recordar esa energía familiar y femenina que veía puesta en cada detalle mis ojos se detuvieron en el logo, en su fondo color uva y en ese árbol genealógico que está representado en una Y griega, que es la de la Generación Y (Millenial Age), la de los nacidos entre los principios de los 80 y mediados de los 90, como lo fueron los cuatro hermanos Ruiz Lenz. La base del árbol genealógico representa a las generaciones anteriores. Las ramas más anchas hacen referencia a cada uno de los hermanos. Las más delgadas, a los hijos de los mismos. Dentro de esa Y, también se puede ver como el logo termina en dos ramas que logran formar una V, del cual históricamente está representado como el cáliz del vino y al mismo tiempo representa un útero materno, donde se aloja una semilla que hace alusión a las generaciones futuras. Porque Generación Y es un negocio familiar, que ha sido pensado para transmitir un legado a lo largo del tiempo.

 


Lo que viene


¿Te acordás que te había mencionado que Generación Y me había provocado un fantástico desconcierto? Y efectivamente es así: cuando estoy por retirarme, surge una nueva sorpresa, algo que no puedo resistirme a conocer y que me compromete a volver. Los hermanos Ruiz Lenz en acción, me comentan lo que será la ¿última etapa? de este viaje con escalas que es Generación Y. Y esa nueva estación es un espacio de acuaponia.

 

La acuaponia es una técnica de producción simultánea y simbiótica de peces y plantas, una amalgama de acuicultura e hidroponía, para lo cual Generación Y será, quizás, el primer caso en América en el que esto se realizará en un espacio de disfrute.

 

 

Un túnel verde en la parte posterior del patio del Wine Bar conectará con este sector del complejo, en el que se están construyendo tres piletas: una para la cría de pacúes, una para la cría de surubíes y otra de peces ornamentales. Esas piletas estarán cavadas y su superficie superior estará vidriada y su interior sugerentemente iluminado, por lo cual podrás caminar sobre ellas y contemplar los peces.

 

Un complejo sistema electrónico se encargará de extraer el agua de las piletas junto con el desecho de los animales, todo lo cual se convertirá en nutrientes para las plantas y hortalizas que estarán plantadas en el mismo sector. La producción de pacúes, surubíes y plantas comestibles será parte de la mesa, del alimento fresco y local que integrará los menús de Generación Y.

 

Arquitectura, sustentabilidad, belleza, son los pilares de este nuevo espacio de acuaponia que verá la luz cuando se esté cumpliendo el primer año de existencia de Generación Y, durante los primeros días del 2021. Pero eso… eso ya será parte de otro relato, el relato de una nueva y sorprendente incursión en Generación Y.

 

Ezequiel Bermejo. 

 

 

Generación Y

Avenida Roque Pérez 2.342, Posadas, Misiones.

Outlet de vinos

Lunes a sábados de 9:00 a 20:00

Wine Bar

Martes a jueves de 19:00 a 24:00

Viernes y sábados de 19:00 a 01:00.

Facebook: /generaciony.arg      Instagram: @generaciony.ar

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