Editorial : El rompecabezas de Alberto y los números de Macri

Ni tierra arrasada ni punto de partida con bases sólidas para el crecimiento. El Gobierno saliente dejó como herencia una economía sumida en una crisis profunda que comenzó bastante antes de 2015 pero que la gestión de Mauricio Macri y su mejor equipo de los últimos 50 años no hizo más que agravar. El nuevo presidente recibió un país con alto riesgo financiero, desequilibrios macro y un contexto social de emergencia, pero también con algunos aspectos positivos en los que podría apoyarse para iniciar un camino de reactivación.

La estadística deja evidencia contundente del fracaso de la gestión de la economía en la era de Macri. El PBI cerrará el año con una baja interanual en torno al 3% y una caída de más de 5 puntos en comparación a 2015. Ese dato combinado con el incremento poblacional determinó una caída de 8,7% del PBI por habitante durante el gobierno de Macri.

La inflación acumulada durante su mandato superó el 300% y la de 2019 será la más alta desde la salida de la última híper de 1991. El aumento sostenido y contante en los precios no fue acompañado por los salarios de los trabajadores registrados que acumularon una pérdida de poder adquisitivo de 22% desde diciembre de 2015.

Con la economía en recesión y los salarios perdiendo terreno contra la inflación, el consumo se retrajo, lo que llevó a muchas empresas a producir menos o bajar definitivamente sus persianas y dejar a gente en la calle. Se cerraron 20 mil empresas en los últimos cuatro años de las cuales casi 5.000 eran industrias. Solo la industria dejó en la calle a 141 mil trabajadores registrados.

El desempleo pasó de cerca de 8% a 10,6%, porcentaje que hubiera sido mayor de no ser por la generación de fuentes de trabajo inestable y de baja remuneración, especialmente en el espectro cuentapropista.

Inflación creciente, salarios cada vez más débiles y pérdida de fuentes de trabajo se combinaron para hacer crecer la pobreza en un contexto de marcado deterioro social. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en el tercer trimestre de 2019 la pobreza alcanzó al 41% del total de la población y al 60% de los niños y adolescentes. Durante todo el mandato de Macri, el índice aumentó en 10 puntos porcentuales, lo que implica que 4,8 millones de argentinos cayeron en la pobreza en ese lapso.

Las finanzas públicas tampoco mejoraron. El dólar aumentó de 9,50 a más de 60 pesos y el gobierno que inició su mandato brindando con champagne a salud de la caída del cepo cambiario de Cristina, terminó imponiendo uno todavía más estricto para contener la sangría de divisas que fue una constante durante toda su gestión.

La deuda pública aumentó 74.000 millones de dólares entre fines de 2015 y de 2019. Pasó de 240.000 millones a 314.000 millones de dólares. Según un trabajo de los economistas del Cippec, Ricardo Carciofi, Pablo Carreras Mayer y Martín Rapetti. En porcentaje del PBI, el ratio aumentó de 49% a 94%.

 

Las (pocas) ventajas

El cóctel de devaluación, recesión y licuación inflacionaria, sumado a las exigencias en materia de reducción del gasto público que impuso el FMI, además de tener un impacto social muy negativo, sirvió para acomodar “por las malas” algunas variables que hoy están mejor que hace cuatro años.

El peso del gasto público total bajó de 41,5% del PBI en 2015 a 37% para este año según estimaciones privadas y el déficit fiscal total pasó de 6% del producto a finales de la gestión de Cristina a 3,8% según una estimación de la consultora ACM para este año.

Otra de las pocas fortalezas que ofrece el escenario actual es un tipo de cambio real más competitivo que el de 2015, aunque no tanto como el de 2003. El “dólar soja” también es mejor que en 2015 y el peso frente al real es el doble de competitivo. De modo que no se necesita comenzar con una fuerte devaluación más teniendo este cepo.

Ese dólar más competitivo que llegó gracias a sucesivas devaluaciones también sirvió para que Argentina volviera a tener déficit de balanza comercial. Lo malo en este aspecto es que el superávit comercial no se logró a fuerza de mayores exportaciones sino de una brutal caída de las importaciones. Según el INDEC, comparando datos de enero a noviembre, en 2019 se exportaron poco menos de 60 mil millones de dólares, más que los 53 mil millones de 2015 pero bastante menos que los 73.600 millones de 2012.

Pese al estancamiento de las exportaciones, este año la balanza comercial registrará un superávit de casi 14 mil millones de dólares gracias a que las importaciones cayeron de 61 mil millones a 46 mil millones de dólares. El problema es que cuando el superávit se consigue a fuerza de caída de las importaciones y no de aumento de las exportaciones, tiende a desaparecer rápidamente cuando la economía se recupera, porque se incrementa la demanda de importaciones, más teniendo en cuenta que industrias nacionales como la automotriz son altamente demandantes de productos importados.

 

Las primeras medidas

En ese contexto deja al nuevo presidente ante el dilema de brindar una respuesta rápida a la emergencia social que perjudica a gran parte de la población, sin que ello lleve a un nuevo desmadre del déficit fiscal que eche por tierra uno de las pocos aspectos saludables que muestran las finanzas públicas.

Para llevar a la realidad su promesa de campaña de “poner plata en los bolsillos más castigados por la crisis” Alberto deberá incrementar el gasto público. Si lo hace “dándole a la maquinita” corre el riesgo cierto de “espiralizar” la inflación heredada, la alternativa que le queda es la de siempre: aumentar la presión impositiva.

Las clases media y alta y el campo exportador beneficiado con el súper dólar son los principales apuntados por el nuevo gobierno para financiar el aumento del gasto social. Medidas como el “impuesto solidario” a la compra de moneda extranjera, aumento de las retenciones y de Bienes Personales así como la suspensión de las reducciones de aportes patronales y de ingresos brutos –la última con acuerdo de las provincias- previstas para 2020 son algunos ejemplos concretos.

Analistas esperan que la política de reactivación que pretende llevar adelante Alberto Fernández incentivando la demanda a través de aumentos en los salarios, pensiones, planes y haberes más bajos, se traduzcan en una rápida recuperación del consumo en las clases bajas que se concentrará principalmente en alimentos y demás productos básicos de segundas marcas.

La construcción será otro sector beneficiado directamente con un plan de obra pública que el Gobierno nacional pretende lanzar cuanto antes para reactivar el empleo en ese sector. Al tratarse de un sector directamente ligado a la construcción, la foresto-industria misionera tiene buenas posibilidades de aprovechar esa oportunidad.

Sectores como el inmobiliario, el automotriz y los relacionados al comercio de bienes durables la tendrán más difícil, en tanto la clase media que compone la mayor parte de sus clientelas no está –al menos por ahora- entre los beneficiarios de las políticas nacionales.

En ese contexto con más oscuros que claros, el empresariado misionero se prepara para enfrentar un año que inicia con el componente de expectativa de cambio pero también de incertidumbre que genera la asunción de un nuevo gobierno nacional.

La ventaja que tiene el sector privado misionero es que gracias a la firme decisión de aguantar la crisis preservando dentro de lo posible presencia en los mercados, puestos de trabajo y capital de trabajo, las empresas de Misiones están mejor preparadas para reaccionar rápidamente ante el primer atisbo de recuperación que muestre la economía.

Y aunque la recuperación pronosticada no llegue pronto, el empuje, la tozudez y la convicción de emprender a pesar de todo que caracteriza a los hombres y las mujeres que están detrás de los pequeños emprendimientos, las Pymes y las grandes empresas de la provincia seguirá destacando a Misiones como una tierra de trabajo y producción.

El sector público provincial acompañó el esfuerzo de los privados propiciando distintos mecanismos para apuntalar el consumo interno, preservar las fuentes de trabajo y brindar opciones de crédito a tasas muy inferiores a las de mercado.

El programa Ahora Misiones en todas sus formas fue importante para que la caída del consumo registrada en Misiones fuera muy inferior al promedio nacional. Así como el Fondo de Crédito de Misiones se convirtió en una fuente de financiamiento accesible en tiempos de tasas prohibitivas.

El desarrollo de iniciativas contracíclicas  como las referías fue posible solamente gracias al orden financiero que supo conservar la provincia y a su bajo nivel de endeudamiento.

Y en ese contexto la fuerte apuesta a la producción e industrialización en Misiones que ya empezó con una moratoria de Rentas para acompañar en este difícil momento económico y con la continuidad de los planes Ahora Misiones para sostener el consumo.