Epicúreo, la filosofía del placer en cuerpo y alma

Andrea Contreras,  escribana y abogada, junto a su hermana Viviana, nutricionista, llevan adelante un innovador emprendimiento en Posadas. Son propietarias de Epicúreo Restó, y antes abrieron el Almacén del Vino. “Ojalá un día seamos una marca de prestigio”, dijo Andrea en la entrevista con Visión Misionera. Y vaya si lo están logrando.

Ni el poder, ni la fama, ni el dinero son un pasaporte para la felicidad. Lo dijo Epicuro, el filósofo griego que vivió tres siglos antes que Cristo. Porque las superan la amistad y otras gratificaciones naturales, según el ateniense. A sus seguidores los llaman epicúreos y el español define así a quienes buscan los placeres de la vida. Sin excesos, lejos del dolor, con prudencia y razón.

Con esa filosofía, en 2013 nació Epicúreo en el barrio posadeño de Villa Sarita, un sitio amigable, cómodo donde se puede comprar, beber una copa y hasta fumar un cigarro en un living acogedor. Es un espacio de placer para quienes gustan del buen vino, las bebidas espirituosas, los habanos, el tabaco en pipa y hasta del chocolate, del café y del narguile, una pipa de agua de Oriente.

Las creadoras son las hermanas Andrea y Viviana Contreras, jóvenes empresarias y también profesionales. Andrea es escribana y abogada y Viviana, nutricionista. Y, como si fuera poco, crecen con su empresa, sin abandonar sus profesiones. Vienen de un hogar donde aprendieron de sus padres Fausto y Delia el amor por el comercio como servicio y relación con la gente. Por eso, antes de Epicúreo, abrieron el Almacén del Vino. “Ojalá un día seamos una marca de prestigio”, dijo Andrea Contreras. Y vaya si lo están logrando.

Las hermanas abrieron en mayo de este año otro Epicúreo. Esta vez un restaurante en la Costanera de Posadas, con menúes especiales, en el fondo de comercio que compraron a Doña Chola. Allí ofrecen comida para celíacos, con cubiertos y platos esterilizados, y menúes bajos en sodio, vegetariano y para diabéticos, además de tradicionales platos de la gastronomía tradicional. También brindan servicios completos para eventos, algo que completó su agenda y las mantiene ocupadas “de lunes a lunes”, confesó Andrea.

 

La bodega del almacén de vinos Epicúreo ofrece sus vinos de gama alta, media y baja en El Noque, el restaurante sobre la barranca del Paraná en el Complejo La Aventura. Esa es la cooperación de la firma de las hermanas Andrea y Viviana Contreras con el servicio de gastronomía que está a cargo del local, propiedad de Carlos Nosiglia.

¿Cómo nació Epicúreo?

En 2012 a nivel comercial se llamó primero Almacén del Vino. Después buscamos este espacio donde el cliente que busca un vino o un habano disfrute de buenos momentos. En esa búsqueda, leyendo a filósofos, me gustó mucho Epicuro: yo sentía que estaba relacionado con nuestro objetivo. El filósofo griego antes de Cristo, decía que el estado de felicidad consistía en disfrutar de buenos momentos, en compañía de familiares y seres queridos, compartiendo ya sea una comida, una bebida, un cigarro. Algo que haga pleno ese momento. El hedonismo -como el chocolate suizo Hedonist que hoy es parte de la casa- significa placer y es una de las palabras que Epicuro instauró dentro de su filosofía (epicureísmo) como el estado de la felicidad.

¿Hay algo de sus ancestros también?

Mis padres venían ya de una actividad comercial; no es que no me alcanzaba la parte notarial, sino que sentía esa gana de generar ese hobby y estar en el contacto de la gente. Estos rubros ayudan a crecer mucho, a ver distintas áreas del mundo en lo cultural y en diálogo con mucha gente. Los mismos productos que vamos incorporando nos hacen crecer hoy: en el habano, en la pipa, en los chocolates, en el café. Suma un conocimiento que nos gusta mucho, tanto a mí como a Vivi, nos compromete cada vez más y lo llevamos en la sangre.

¿Y el nuevo proyecto gastronómico?

Pasa más por una pasión, con una cuestión diferente a esta. El Almacén, también empezó casi como un hobby. Porque en casa de gente amiga con bodegas en Mendoza se me despertaron las ganas de tener algo relacionado al mundo del vino. Allí vi, no solo vinos sino como hacen el aceite, la mermelada, todo lo que genera Mendoza en sí con su materia prima y eso despertó un interés. Pero no pensé que de manera tan rápida se iba a aproximar ese sueño. Y comenzamos el 15 de octubre de 2012.

¿Y en estos cinco años fue mudando el consumo posadeño en vino, tabaco?

¡Uy!, hubo cambios muy marcados. Lo que más llamó la atención fue ver a la gente abrir su mente, su espíritu, su paladar, ahondar en el misterio de lo desconocido, como en bodegas boutique desconocidas. Esa actitud nos incentiva a sumar otras bodegas que no están en el mundo del supermercado ni en la tele. Son bodegas que trabajan muy bien, casi familiares, con muy buen vino para dar a conocer y degustar. Pero la degustación es clave para lograr que un vino se venda masivamente o se logre su recepción. Porque cada paladar es un mundo y siempre hay que invitar logrando la respuesta del boca en boca.

¿Cómo se les ocurrió abrir un espacio como el del cigarro?

Ya vendíamos habanos en Centenario y continuamos acá en Beato Roque González desde 2013. En Cuba vi cómo se desarrolla el habano y cómo ofrecerlo, ya que es una mercadería no muy conocida. Y en Ginebra, Suiza vi los chocolates Hedonist y la Ruta del café en Pereira, en Colombia. Está bueno saber qué está ofreciendo y su origen. Las dos hicimos un curso de sommelier. Claro, si nosotras no degustamos es muy difícil saber hablar de las características del producto. Podés repetir lo que dice la etiqueta, pero si uno sabe de vino puede hablar mucho más. 

¿Hay un cambio de los jóvenes, en cuanto al vino respecto a la cerveza o el fernet con gaseosa?

Voy a decir que nunca dije en ningún medio. Me di cuenta por experiencias, charlas, reuniones y muchas fiestas de que la gente está optando por el vino porque a nivel orgánico comprueba que es lo único que no le hace mal a largo plazo. Y aunque busco vender todo lo que tengo, genera más gastritis un espumante que un vino. Somos lo que comemos y consumimos y es importante que nos mimemos al elegir qué vamos a llevar a nuestro cuerpo, porque todo lo que consumimos a la larga siempre salta para bien o para mal, repercute.

¿Cuál es el mensaje para la gente?

Un punto muy importante es que nos mimemos más, nos cuidemos más. Y hay una búsqueda en eso, porque se nota. Y para la gente -y más los jóvenes- es bueno más un vino que un fernet, del que no quiero hablar mal, pero es difícil de tomar y agregarle Coca, que tiene muchísima azúcar, es un impacto quizás. Y la cerveza genera un engorde grave, por la cebada.

También ofrecen champagne francés, chocolates y pipas.

Visité en Suiza el museo de la pipa, hecha con el brezo de la región europea, de durabilidad muy diferente a otras regiones. Vendemos esas pipas de Suiza, también en el restaurante. La mayoría del champagne es argentino, pero también champagne francés. Y el habano es de Cuba, Panamá y República Dominicana.

 

 

¿Cómo surgió el restaurante Epicúreo en la Costanera?

Tratamos que la gente viva el mismo confort de comer bien, rico, cómodo, con buena atención. La cocina de Epicúreo tiene un menú hiposódico, vegetariano, vegano, celíaco, tradicional con pastas, pescados, vegetales. Una cocina bastante variada y un servicio de café también. Vemos mucha gente que tiene celiaquía y viene a nuestro local. Me pregunto ¿dónde iban antes?    

¿Los dos espacios reúnen grupos?

En el restaurante se reúnen grupos de profesionales, de amigos, familias. Todos prefieren el piso superior, por la intimidad y por la vista al Paraná. En Villa Sarita los grupos de los martes o jueves vienen a las seis de la tarde y se van pasada medianoche. Es fantástico, porque se ve que el lugar resulta acogedor o es cómodo. Se cumplen los objetivos para que esas personas estén tanto tiempo juntas en un mismo lugar.

¿Qué esperan para el año próximo?

La expectativa es seguir creciendo. Hoy estamos con servicios afuera, en eventos a los que llevamos el menú, como los colegios de abogados o de escribanos, o concesionarias. Yo noto que algo estamos bien y por eso nos piden el servicio cuando hay otras marcas que se dedican a eso.